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ANSIOLÍTICOS: LA MISMA PASTILLA QUE CALMA TE DESCONTROLA

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Te sientes un poco ansioso. Las cosas no han ido bien últimamente. Muchas preocupaciones rondan tu mente. Comienzas a tener problemas para dormir, por lo que al día siguiente estás irritable y cometes más errores. Sientes que la situación se te escapa de las manos, no puedes controlarla. No dejas de imaginar los peores escenarios, hasta que una molesta sensación de agobio se apodera de ti. Entonces te cuesta respirar, sientes que te ahogas, experimentas una sensación de opresión en el pecho y tu corazón palpita muy fuerte. Te asustas.

Este cuadro está causado por la ansiedad y para combatirlo muchas personas recurren a los ansiolíticos. De hecho, España se encuentra a la cabeza del consumo mundial, superando a Alemania, el Reino Unido e incluso a Estados Unidos.

Las cifras son alarmantes: en España el consumo de benzodiazepinas ha aumentado en un 57% en los últimos doce años. Los ansiolíticos más usados son el lorazepam, conocido como Orfidal, y el alprazolam, más popular como Trankimazin.

¿Por qué ha aumentado tanto el consumo de ansiolíticos?

Los ansiolíticos son un remedio rápido y relativamente eficaz, que no demanda esfuerzo, para lidiar con los problemas de adaptación a la vida cotidiana. Por eso, cada vez más personas recurren a ellos para superar lo mismo una ruptura sentimental que para para dormir mejor, o enfrentar los problemas en el trabajo.

No hay duda de que vivimos en una sociedad altamente “medicalizada” donde a cada problema le corresponde un fármaco. La industria farmacéutica se ha encargado de convertir cualquier dificultad en un trastorno que necesita ser medicado.

De hecho, es interesante que en el 60% de los casos el médico de familia es quien receta los psicofármacos, generalmente basándose en una encuesta rápida de apenas 10 minutos a través de la cual es imposible diagnosticar con precisión un trastorno psicológico y mucho menos detectar sus causas.

Un buen inicio con un mal desenlace

Al inicio los ansiolíticos parecen ser la solución perfecta ya que los problemas desaparecen como por arte de magia. Sin embargo, estos medicamentos no tardan en mostrar su lado oscuro: la tolerancia. Es decir, para conseguir el mismo efecto, la persona tendrá que aumentar cada vez más la dosiso recurrir a principios activos más fuertes.

El principal problema es que los ansiolíticos causan dependencia en muy poco tiempo y cuando se abandonan, aparecen los síntomas de la abstinencia. Si se reduce la dosis la persona puede sufrir agitación, ansiedad, ataques de pánico, paranoia, labilidad emocional, cansancio, problemas de memoria y concentración, cefalea, taquicardia, entre otros. Si la dosis era alta y se reduce abruptamente el riesgo es aún mayor ya que pueden aparecer convulsiones, delirios y hasta ideas suicidas.

Sin embargo, como los ansiolíticos se recetan cual si fueran caramelos, 6 de cada 10 personas afirman que no han sido informadas sobre los riesgos que estos acarrean y sus posibles efectos adversos.

De hecho, a menudo los síntomas que aparecen al intentar dejar los medicamentos son tan difíciles de sobrellevar que la persona prefiere mantenerse enganchada a estos. Esta adicción no solo tiene un componente bioquímico sino también psicológico. La persona tiene miedo a recaer, a no volver a conciliar el sueño y a que vuelvan las crisis de ansiedad, por lo que le asusta la mera idea de abandonar la medicación. El problema es tal que las estadísticas indican que un tercio de quienes consumen ansiolíticos se sienten nerviosos si no tienen el medicamento a mano.

“Cuanto más tiempo dediques a pensar que tienes un problema, menos tiempo tendrás para encontrar la solución”

Sin embargo, el consumo prolongado de ansiolíticos pasa una gran factura. Un estudio realizado por investigadores franceses y canadienses desveló que el consumo de benzodiazepinas durante tan solo tres meses en personas mayores de 65 años aumenta en un 51% el riesgo de padecer Alzhéimer. Y mientras más se prolongue el tratamiento, mayor es el riesgo.

Otra investigación realizada en el Reino Unido comparó a 34.727 personas que consumían ansiolíticos con 69.418 personas que no habían consumido estos medicamentos, durante un periodo de siete años y medio. Los resultados no dejaron lugar a dudas: el riesgo de morir de manera prematura era cuatro veces mayor en quienes usaban este tipo de medicamentos.

Hay otras soluciones

No es necesario demonizar a los ansiolíticos ni a otros psicofármacos. De hecho, hay determinados casos y situaciones en los que su uso es imprescindible y puede ser muy útil e incluso salvar vidas. Sin embargo, se deben consumir como complemento a la terapia psicológica ya que estos medicamentos eliminan los síntomas durante cierto periodo de tiempo pero no erradican el problema que se encuentra en la base.

“La parte no puede estar bien, a menos que el todo esté bien”– Platón

En cualquier caso, el tratamiento con ansiolíticos debe ser corto, no debe superar los tres meses, y siempre bajo la supervisión de un psiquiatra, que será quien ajuste la dosis en dependencia del tipo de trastorno y su evolución.

Además, es importante saber que existen diferentes alternativas de eficacia demostrada para tratar los trastornos de ansiedad, desde la meditación y el mindfulness hasta la terapia de reestructuración cognitiva, los ejercicios de respiración y relajación e incluso la práctica de actividad física.

Escrito por Jennifer Delgado.

Fuente: http://muhimu.es/

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