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¿Cómo aprendemos a hablar cuando somos bebés?

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Nuestra especie no sería lo que es si no pudiéramos comunicarnos. Hablar es algo tan común que normalmente despreciamos, sin querer, una idea muy simple: ¿sabes lo difícil que es aprender a hablar? Este proceso es uno de los más importantes de nuestra vida. Y no es nada, pero nada sencillo. Para poder comprenderlo, muchos investigadores han ido la fuente más importante que existe para entender cómo aprendemos a hablar: los bebés.

800 fonemas

En el mundo, todas las lenguas existentes están constituidos por la combinación de 800 fonemas

Nuestra fisiología, nuestra laringe, lengua y boca, es capaz de articular 800 fonemas. Fonema es la palabra que identifica a los sonidos que producimos para comunicarnos. En el mundo, todas las lenguas existentes están constituidos por la combinación de estos 800 fonemas. Pero con tan solo cuarenta ya se puede hablar una lengua. Imaginemos a un bebé. Acaba de cumplir el medio año de vida. De pronto su cerebro se activa y comienza a prestar una increíble atención a los sonidos de su alrededor. Y no solo a los que produce la naturaleza. Absorbe con especial interés cualquier sonido que provenga de sus padres y los adultos que le rodean. A partir de los seis meses los bebés se vuelven sensibles a los fonemas, comenzando a captar los detalles. Al principio su cerebro solo capta las vocales. A partir de los nueve meses comienzan a distinguir las consonantes. El niño ya está aprendiendo a hablar. Y lo hace por aptitud innata, porque su cerebro está programado para ello.

El cerebro estadístico

Una vez que el proceso ha empezado el bebé va adquiriendo los detalles de cómo se usan ciertos fonemas en concreto. Para eso, se sospecha, emplea diversos mecanismos neuronales, como las neuronas espejo, que permitenimitar las posiciones bucales y otros aspectos concretos. Además, también juegan un papel fundamental otras áreas del cerebro dedicadas en exclusiva al lenguaje. Poco a poco se despierta en el bebé una segunda fase de aprendizaje. A los ocho y diez meses de edad el niño no es capaz de entender qué se dice. Sin embargo, es extremadamente sensible a la frecuencia con la que aparecen estos sonidos, los fonemas. Su cerebro va capturando la cantidad de veces que aparecen estos en una conversación. Esto es importantísimo porque cada lenguaje tiene un número estadísticamente distinto de cada fonema.

cerebro

Sergey Nivens | Shutterstock

Su cerebro es tremendamente plástico y las palabras, con el número de veces que aparecen los sonidos, van dejando una huella indeleble. Esta es la base indispensable para aprender un lenguaje. Con el tiempo, el cerebro pasa a una siguiente fase. El niño ya no solo detecta el número de veces que aparece un fonema sino que es capaz de detectar la “combinación” más frecuente de estos fonemas. Efectivamente, la combinación de sonidos no es otra cosa que las palabras. Poco a poco reconoce las palabras por el hecho de aparecer con más asiduidad. Aquí comienza la última de las fases para aprender a hablar: entender el significado.

Aprendizaje social

Pero, aunque todos tenemos una habilidad innata para aprender a hablar, ésta no es suficiente. No. Según los últimos estudios, es imprescindible la interacción social para permitir que un bebé aprenda a hablar correctamente. En concreto, es indispensable el papel de los padres. Ese lenguaje típicamente entrañable, con unas inflexiones muy pronunciadas y casi ridículas, sonidos muy abiertos y detalles marcados juega un papel fundamental para enseñar las reglas de entonación y ritmo en el lenguaje. Pero es que, además, una demostración de nuestra increíble naturaleza social se muestra en la necesidad de enlazar el lenguaje a un miembro real, a una persona. Varios experimentos han demostrado que se aprende mucho mejor (o incluso es la única manera de hacerlo) cuando existe interacción entre una persona real y el bebé.

tablets para niños

Oksana Kuzmina | Shutterstock

Probablemente sean esas inflexiones exageradas y varios detalles de interacción personal (caricias, miradas…) las que disparen la impronta en el cerebro. Algunos investigadores llaman a este aspecto “resorte social”. En cualquier caso, los investigadores han descubierto que sea en el lenguaje que sea, los bebés se percatan de que el lenguaje que se emplea con ellos es diferente al que usan los adultos entre sí. Otro aspecto importante es que los niños aprenden mejor en presencia de sus iguales, aunque este mecanismo todavía no está claro. En definitiva, para que aprendamos a hablar es necesario que lo hagamos junto a otros miembros de nuestra especie porque tenemos mecanismos especializados para ello.

Multilenguaje

Otra pregunta que se han hecho en múltiples ocasiones los investigadores es qué aprenden los niños expuestos a varias lenguas en sus primeros años de vida. Se sabe desde tiempo atrás que los bebés aprenden fácilmente dos o más lenguas, lo que puede ser muy beneficioso para ellos. Efectivamente, el mismo proceso de aprendizaje se produce para dos o más lenguas en las primeras etapas. Esto quiere decir que un bebé aprenderá los fonemas, su identificación y las palabras con mayor facilidad. Según los estudios, un bebé expuesto a dos lenguajes puede mantener su etapa de aprendizaje, fácilmente, hasta los siete años. Sin embargo, no ocurre lo mismo con niños ya crecidos y adultos. El hecho de que nos cueste más aprender un lenguaje radica, precisamente, en la falta de plasticidad necesaria para aprender fonemas y palabras nuevas.

Según los estudios, un bebé expuesto a dos lenguajes puede mantener su etapa de aprendizaje, fácilmente, hasta los siete años

El proceso, tras esos primeros meses de vida es “forzado”, mucho más dificultoso y no innato, como al comienzo de nuestra vida. Por supuesto, existen otros procedimientos de aprendizaje que nos permiten adquirir nuevas lenguas. De hecho,cuantas más lenguas conocemos, más fácil es adquirir una nueva. Pero nunca será tan fácil como cuando somos bebés. Todo este afán de conocer como podemos aprender a hablar no es baladí. Además de resolver cuestiones sobre nuestra propia naturaleza, tiene una finalidad práctica: saber más sobre los métodos de aprendizaje. Este conocimiento nos ayudará a “enseñar mejor” y tratar problemas didácticos. También puede ayudarnos a adquirir conocimientos más rápidos en la edad adulta. Al fin y al cabo, como decíamos, somos una especie social donde la comunicación juega un papel inseparable de nuestra naturaleza.

Fuente: hipertextual.com

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