Cuando la depresión llega a tu matrimonio

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¡Qué fácil es decirlo en el altar!: “Te amaré en la salud y en la enfermedad” “en la pobreza y en la riqueza” “en la alegría y en la tristeza” Pero qué difícil es experimentarlo en la realidad, especialmente cuando la enfermedad, la pobreza y la tristeza, no son lo que esperábamos.

La depresión es una de esas cenicientas dentro de las afecciones que el ser humano puede padecer. Por mucho tiempo se ha creído que es un simple estado de la mente, que solo la padecen aquellas personas que no conocen el amor de Dios, o llanamente, que es el producto de la ingratitud o el descuido. Pero la verdad es que la depresión encierra mucho más que eso. Es una enfermedad, y como tal debe ser tratada. Ahora bien, ¿qué hacer si tu pareja la padece? ¿Cómo lidiar con tantos sentimiento encontrados de dolor, frustración e impotencia? ¿Cómo poder ayudarle sin morir en el intento? Hoy te invito a meditar en estos cuatro puntos, que te ayudarán a hacerle frente a la depresión, cuando esta llegue a tu matrimonio:

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  1. Conoce acerca de ella

Uno de los grandes peligros en los que se puede caer, es que por causa del desconocimiento agraves más las cosas. Debes entender que la depresión es una enfermedad, como lo es una diabetes, una dermatitis, una gripe o un cáncer. Jamás le dirás a una persona con un resfriado “pero ya, deja de estornudar, pon tu de parte”. O a alguien con alteraciones de azúcar: “todo está en tu mente, cuál es el problema, solo ten actitud positiva”. ¡No! ¿Por qué? Porque de antemano conocemos que estas son enfermedades, y por tanto, deben ser tratadas como tal. Así mismo pasa con la depresión, que es una alteración del sistema nervioso, donde la persona que la padece presenta fuertes sentimientos de inutilidad, sensación de vacío, melancolía o tristeza persistente, y una acusada pérdida del disfrute de lo que antes solía ser placentero. Créeme, si quien la sufre pudiera “voluntariamente” dejar de sentirse así, con toda seguridad lo haría. ¡Pero no puede! Hay algo en su cuerpo que no está funcionando bien, y entre más le “sermonees” con tus comandos de actitud positiva, más miserable le harás sentir.

  1. Acompáñale en el proceso de buscar ayuda

Ahora bien, si estamos ante una enfermedad que excede a la voluntad, tendremos que buscar ayuda, y aquí tú participación es fundamental. Existen diferentes vías a través de las cuales se puede superar una depresión, y todo depende del organismo de la persona, de sus recursos emocionales y espirituales, y de todos aquellos factores de protección que le rodeen. Existen quienes pueden salir avante de una depresión con el solo acompañamiento espiritual. En este caso la oración, la meditación, la Eucaristía y todas las demás formas de espiritualidad son muy útiles. Pero ojo, no es así con todas las personas. Existen quienes adicionalmente requieren acompañamiento psicológico, para intervenir las cogniciones y emociones disfuncionales que no permiten la recuperación y que desencadenan los síntomas. Y en muchos otros casos, se requiere adicional a esto, un tratamiento farmacológico, que le permita al sistema nervioso regresar a su estado normal y lograr la estabilidad anhelada. Todos los casos son diferentes, por esto, la evaluación de un profesional será no solo precisa, sino indispensable.

  1. Dale tu apoyo, no tu reproche

Sin lugar a dudas no es fácil que la persona que más amas, esté sumida en este estado de tristeza, vacío y sinsentido. Pero créeme, lo que menos necesita en este momento son tus reproches. Muchos esposos y esposas, fruto de su desconocimiento y de su impotencia, terminan ensanchando más la herida, porque bien sea, con sus palabras o con sus actos, hacen sentir al otro culpable, “flojo” o mala persona. Frases como “pon de tu parte” “no quiero verte así” “me desespera tu actitud” “mira todo lo que Dios nos ha dado, no seas malagradecido o malagradecida”, entran como puñales en el corazón de la persona deprimida. Bien mal que se está sintiendo por defecto, para ahora sumarle los sentimientos de juicio y desaprobación generados por tus palabras. ¡No! Ahora más que nunca es el momento de cumplir tus votos. ¿Los recuerdas? “En la salud y en la enfermedad”. ¡Aquí está la enfermedad! El momento es ahora. Abrázale y permítele que llore en tu hombro. Escucha sus quejas y malestares. Dale espacio cuando te lo pida. Pero sobre todo, ora incansablemente por él o por ella. Ahora es cuando más te necesita. Necesita que estés ahí para acompañarle, incluso, en muchas oportunidades, tan solo desde el silencio.

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  1. Prepárate psicológica y espiritualmente para ser su camarada

Y finalmente, creo que el reto más importante al que debe enfrentarse el cónyuge de una persona con depresión, es el de poder dar, comprender y soportar, sin perderse en el intento. ¿Cómo lograrlo? Necesitas estar preparado para esto. Si a una fuente se le extrae y se extrae el agua, finalmente se secará. Y esto es lo que pasa con muchos matrimonios que enfrentan la depresión. Al principio estás ahí para el otro, le acompañas a sus citas, le ayudas a tomar sus medicamentos, le enjugas sus lágrimas… pero llega un punto donde esto se hace insostenible. El cansancio te agobia, los sentimientos de culpa y frustración te exceden, la paciencia se agota, y finalmente explotas. Es normal que esto suceda, de hecho, tienes todo el derecho a sentirte así, por eso mi última invitación es: aliméntate de una Fuente Inagotable de Amor, que te permita abastecerte a ti mismo mientras sostienes a tu camarada. Siempre he estado convencida de que el matrimonio a prueba de tiempo, realmente no es de dos, es de tres: esposo, esposa y Dios en el medio. Dice el libro del Eclesiastés (4,9-12) que más valen dos que uno, porque si el uno cae el otro le levanta. ¿Pero que pasa cuando los dos caen? Pues existe un Tercero dispuesto a levantarlos. Por eso, el mismo autor termina diciendo que la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente. Si quieres estar ahí para tu pareja, si deseas no desmayar mientras le sostienes, tú mismo tienes que estar sostenido, abandonado en los brazos del Padre Celestial. En Dios encontrarás la fuerza para seguir adelante. En Él podrás desahogar tu impotencia y tu frustración; Él te dará las respuestas que necesitas y te susurrará al oído:

No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa. (Is 41,10)

Este momento que están viviendo es solo una prueba más que los fotalecerá como pareja, por eso no desmayen, no desfallezcan. Con seguridad, cuando todo vuelva a la calma, grandes victorias y aprendizajes saldrán de esto…. y lo que es más importante, estarán más unidos y fortalecidos en su amor. ¡No desmayen!

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Elízabeth Guerra Gómez

Psicóloga

Especialista en Terapia de Pareja

Fundadora Clínica para la Familia

www.clinicaparalafamilia.com

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