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Cuidar tu físico no es superficial, es signo de salud mental

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En numerosas ocasiones se asocia un alto interés por el cuidado y la estética personal con algo frío y superficial, apartándalo de las cosas que habitualmente se consideran “profundas” o interesantes de analizar. Esto denota una gran ignorancia, ya que cuidar nuestro físico -sin convertirlo en una obsesión- es tratar nuestro bienestar de manera holística. Para sentirnos bien por dentro, ayuda que nos sintamos bien por fuera.

Además de todo esto, la relación con nuestro físico puede marcar un antes y un después en nuestra vida: sentirnos hermosas/os, seamos como seamos, es un signo de buena salud mental. Preocuparnos por nuestra higiene, por nuestra fragancia o por la armonía y belleza de nuestro cuerpo no es superficial: es señal de que nos queremos.

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La estética y el cuidado personal es nuestro aliado

Quién no ha escuchado eso de que los “grandes cambios tienen que venir acompañados por un cambio de imagen”. Es un dicho algo banal y popular, pero esconde su parte de razón. A veces las personas sienten que quieren un cambio radical pero sin embargo no saben cómo enfocarlo. Les falta la inspiración o los medios, que no las ganas.

Es por ello que de un cambio físico puede partir la inspiración y el empuje para tomar otro tipo de decisiones o para asumir otro tipo de rutinas. Esto es bien sabido en la planta de oncología de muchos hospitales: ya se establece como un tratamiento coadyuvante el poder contrarrestar los efectos de la quimioterapia en el aspecto físico de los pacientes con talleres de estética.

El cuidado del físico y la estética como aliada en el tratamiento del cáncer

Siempre se dice que en estos casos la salud es lo primordial y que la persona que sufre cáncer debe centrarse fundamentalmente en superarlo. Realmente cabría preguntarse si los que hablan de ello han pasado realmente por la experiencia y si conocen el verdadero significado de la salud como concepto global.

Si saben lo que significa para una mujer enfrentarse a una mastectomía, o para cualquier hombre o mujer perder de repente su pelo, pestañas o sufrir un resecamiento de la piel.

Al igual que no debemos juzgar la forma de afrontar los síntomas físicos de la enfermedad, cada persona tiene una estrategia diferente para hacerlo con los cambios estéticos que la enfermedad puede traer. Es por ello que para algunos mostrar con naturalidad los efectos de la enfermedad sin intentar disimularlos no supone una cuestión de gran importancia.

Para otras personas, lo natural es contrarrestar esos efectos consiguiendo mediante distintas técnicas que su aspecto físico no revele el proceso de lucha médica en el que están inmersos.Es un forma de hacerle distinta de hacer frente a la enfermedad.

Existe una historia realmente inspiradora acerca de este tema. En 1988, la esposa del Dr. Brinkenhoff, Gayle, fue diagnosticada con cáncer de mama metastásico. A medida que avanzaba a través de este complejo proceso físico y emocional, Michael deseaba ayudar a Gayle verse y sentirse mejor.

En consecuencia, en 2006 creó una marca cosmética innovadora para conseguir que mujeres con cáncer pudieran utilizar productos para hacer crecer sus cejas y pestañas. Un ejemplo de cómo la estética no se trata solo de una cuestión fría y superficial, sino que refleja en muchas ocasiones también refleja la lucha y las ganas de salir adelante.

El abandono del interés por el aspecto físico no es buena señal

Existe una correlación importante entre el descuido por el aspecto físico y la gravedad de algunos trastornos psicopatológicos. Sin ir más lejos, uno de los indicadores que empeoran el pronóstico a muchos estados anímicos es abandonar el cuidado por el aspecto físico.

En la depresión se da una pérdida de interés generalizado por actividades que antes sí lo suscitaban. Una anhedonia hacia lo que ocurre en la vida, una incapacidad para obtener reforzadores o la incapacidad para disfrutar de ellos. No es de extrañar que el conseguir encontrar placer en verte bien ante el espejo no se encuentre entre las conductas de una persona deprimida.

No se trata del tiempo que alguien puede pasar dedicada a cuidar su piel o su figura. Se trata del placer de verse y sentirse bien, independientemente de si se utiliza maquillaje o no. La persona que pierde el interés por su vida también lo hace por verse y sentirse bien.

La diferencia entre sentirse encarcelado por la estética y sentirse beneficiado por ella

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Tus aspecto físico admite y agradece los cuidados que vayas a darle, siempre y cuando estos vengan de un deseo y no de una imposición. Como en la gran mayoría de cuestiones, separar lo patológico de lo que no lo es depende de una línea muy fina.

Que cuidar tu aspecto físico sea una prioridad en tu vida es totalmente respetable y hasta saludable.En cambio, sentirte presionada y angustiada por no poder encajar en un modelo de perfección y hacer todo lo posible por conseguirlo puede acarrear consecuencias nefastas.

Se puede llegar a invertir grandes cantidades de dinero de forma compulsiva y sentir que nunca estás lo suficientemente perfecta/o para los demás. Puedes llegar a medir tu valía personal en función de tu peso y apariencia y eso evidentemente es traspasar esa línea.

La dismorfobia es un trastorno psicológico donde una persona es incapaz de llevar una vida normal debido a un defecto físico real o imaginario. La persona pasa innumerables horas comprobando su aspecto físico y puede llegar a someterse a un sinfín de tratamientos y cirugías sin sentirse del todo satisfecho/a. Este trastorno va en aumento y se presenta cada vez más en personas de menor edad, debido a la creciente influencia de la publicidad y el acceso a internet.

Lo más importante para sentirse bien en la piel de cada uno es no asumir modelos exteriores.Partir de nuestra propia imagen, visualizar nuestro cuerpo sin juicios y optar por conocer qué de nuestro cuerpo queremos mejorar en base a como nos sentimos en cada momento.

A veces se tratará de mejorar lo que vemos y otra la relación con lo que vemos. Siempre es importante recordar que nada pasa de forma aislada y que cuerpo y mente son uno, también en su visión en el espejo.No te sientas mal por querer verte mejor en ese reflejo y recuerda que la sonrisa es un complemento y aliado perfecto para conseguirlo.

Por: Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

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