Primera revista especializada para la comunidad de Padres de Familia

“DE REGRESO AL COLEGIO, UN COMPROMISO FAMILIAR”

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No atribuyamos el éxito de nuestros hijos a la suerte, ni el fracaso a la falta de capacidad, tampoco esperemos que alcancen grandes logros, ni neguemos sus esfuerzos.

Debido al fracaso escolar los niños dudan de sus capacidades personales, asumiendo que cualquier esfuerzo para tener éxito posiblemente será en vano.

Existen estudios que indican que los niños con Necesidades Educativas Especiales tienden a tener menores expectativas de éxito que los demás, siendo poco probable que atribuyan sus logros a sus mismas capacidades sino más bien, a la ayuda del profesor o “a un golpe de suerte”.

Los niños con fracaso escolar van creando unos esquemas propios de pensamiento, es decir, un estilo propio de interpretar la realidad, que refuerza su mentalidad de “perdedor”. Esto sumado a las influencias del medio que interfieren en él, hace que el niño refuerce su posición negativa consigo mismo o intente cambiar de parecer.

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Los niños que afrontan el fracaso de manera más adecuada tienden ante éste, a creer que fue por falta de esfuerzo propio y que lo pueden superar fácilmente a diferencia de los niños que ya asumen una mentalidad “de perdedor” y se aferran a ella sintiendo que no existe posibilidad alguna de mejorar, trayendo esto consigo, grandes consecuencias en la formación de sus sentimientos de amor propio.

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A nivel interno, el hecho de ver que académicamente no rinden, sumado al sentimiento de amor propio deteriorado, y a la influencia y exigencia del exterior (padres, docentes, los compañeritos, etc.), hacen que se genere un desajuste personal y emocional en el niño, que trae como resultado un sinfín de conductas poco adaptativas que requieren ser intervenidas.

Es por tanto, de suma importancia, que los docentes, padres y comunidad educativa en general, nos eduquemos, leamos, mostremos interés no sólo en conocer un poco acerca de estas situaciones educativas que afectan a nuestros niños, sino también, la forma adecuada de ayudarlos a superarlas y a salir adelante, generando en ellos un cambio de percepción de sí mismos, que les permita ver el mundo como “menos malo” y a ellos, como “mejores personas” para que de esta manera puedan construir su amor propio y comportarse y expresarse de manera más adecuada.

Es por esto que necesitamos:

  • Reforzar los elogios, dar la palmadita de apoyo en la espalda o el besito en la frente que hagan sentir al niño que lo hizo bien y QUE LO AMAMOS.
  • Demostrarle al niño autoridad cada vez que emita una inadecuada conducta, haciéndole saber que existen consecuencias ante este hecho. Debemos reprender la conducta o comportamiento inadecuado en el niño, no al niño como tal: “Sofy: Eso que hiciste no se hace” En lugar de: “Sofy eres una mala chica”.
  • Recordemos que los límites que ponemos a nuestros hijos demuestran cuanto los amamos.
  • Ser conscientes de la importancia de la familia dentro del proceso educativo del niño, seamos positivos ante los aportes y contribuciones que la familia puede ofrecer.
  • Recordar la importancia del acompañamiento en el momento de los deberes escolares; debemos estar ahí para motivar, y resolver inquietudes no para hacer las tares por ellos.
  • La calidad de la enseñanza debe estar basada en afecto y tolerancia. El aprendizaje debe ser lúdico y divertido; no carente de autoridad… Lleno de respeto.
  • La comunicación entre familia y escuela debe ser fluida y respetuosa, esto hace que se hable el mismo idioma y el niño perciba igualdad y criterio en los mensajes que se le emiten.

Finalmente recordemos que es sano permitirle al niño tener experiencias que lo frustren, que hagan que él sienta que puede mejorar; de esta manera, aprenderá a ser tolerante ante sus fracasos y los de los demás.

 

NATALIA MORATO OROZCO

Psicóloga Especialista en Psicología Clínica

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