Educación humanitaria: otra forma de educar en valores

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Quizá nunca has oído hablar de la educación humanitaria, una innovadora metodología pedagógica que trabaja integrando los derechos humanos, la protección medioambiental y los derechos de los animales, evidenciando las relaciones entre los tres elementos y la imposibilidad de trabajar uno sin el otro.

¿Cómo trabajar la paz y la tolerancia si solo lo hacemos desde una perspectiva muy concreta que tiene una visión parcial? Ya hemos podido comprobar que la violencia nunca viene sola, los primeros estudios que relacionan el maltrato hacia los animales con otras formas de violencia datan de 1961. Desde entonces, se ha documentado ya en multitud de ocasiones que la presencia o ejecución de maltrato animal está estrechamente relacionada con formas de violencia hacia los seres humanos.

Precisamente, el propósito de la educación humanitaria es el de fomentar que nuestras relaciones con la naturaleza, el resto de animales y nosotros mismos sean enriquecedoras, solidarias y positivas. Se trata de ampliar la mirada, y de trabajar la educación en valores desde una perspectiva global, que incluya a todos los habitantes de nuestro planeta, desde la coherencia ética de reconocer la misma capacidad de sufrir y de experimentar dolor en todos los seres sintientes.

¿Qué objetivos tiene la educación humanitaria?

Partiendo de la relación entre el medio ambiente y todos los individuos que vivimos en él, la educación humanitaria se plantea objetivos que implican la educación en valores, pero de una manera amplia y globalizadora. Podemos destacar los siguientes:

  1. Facilitar a alumnos y alumnas una base para que puedan formar decisiones éticas y coherentes, que permita a los estudiantes determinar si un comportamiento es adecuado teniendo en cuenta el sufrimiento que éste provoca, sin importar quién sea el individuo que lo padezca (humano o no).
  2. Reducir la violencia y los conflictos entre el alumnado, desde el respeto tanto a la vida propia como a la ajena.
  3. Fomentar el espíritu crítico, haciendo que los estudiantes se planteen preguntas sobre sus propias acciones y entiendan las consecuencias de sus decisiones individuales para el entorno natural y el resto de individuos que en él habitan.
  4. Crear una cultura de cuidado y compasión mediante el estímulo del desarrollo moral de las personas, para avanzar hacia una sociedad responsable y justa.
  5. Reivindicar el valor primordial de la vida, promoviendo el desarrollo de actitudes positivas y de cuidado hacia los animales, las personas, y el entorno natural.

 

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