El juego simbólico

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Lic. Rosa Taramona
Psicóloga
Directora del Centro Déjalo Ser

El tipo de juego característico del niño a partir de los dos y tres años es el juego simbólico o juego de ficción (“hacer como si”). El juego simbólico depende de la posibilidad de sustituir y representar una situación vivida por otra que es “supuesta”. Por ejemplo, hacer “como si” se comiera, pero utilizando un palito en vez de un cubierto.

El juego simbólico es indispensable para el equilibrio emocional, ya que permite contar con un tipo de actividad cuyo objetivo no es la adaptación a lo real sino la asimilación de lo real a uno mismo, es decir “hacerlo de uno”.

En los primeros juegos simbólicos puede observarse que el niño realiza sus acciones habituales: hacer “como si” tomara la sopa, prepara la comida, atribuyéndole a los otros y a las cosas esos mismos esquemas de conducta como “hacer dormir a su osito”, “hacer pasear a su muñeca”. Luego incluye en la acción simbólica elementos tomados por imitación de otros modelos, jugar al papá, a la mamá, a la maestra o hacer “como si” arreglara el auto, se pintará los labios, hablará por teléfono.

Muchas veces el niño practica esos juegos para revivir sus experiencias, por ejemplo hace como que se pintará las uñas, porque alguna vez su madre la llevó al salón de belleza. Otras veces, tienen un carácter de compensación, cuando se quiere corregir la realidad, por ejemplo, un niño tiene prohibido comer chocolate porque le hace mal; entonces le dice a su muñeca que no coma, porque se enfermará.

El juego también puede convertirse en “catarsis”, una forma de reaccionar contra el miedo que una situación le provoca. Por ejemplo, tiene temor de acercarse a un perro, entonces juega a que lo acaricia, que lo lleva a pasear, etc.

Los juegos simbólicos iniciales que practican espontáneamente los niños de 2 y 3 años tienen las siguientes características:

  • Se realizan en forma individual (juego solitario) o al lado del otro pero sin interacción (juego paralelo).
  • No hay juego organizado ni socializado (cada uno actúa separadamente, como en un “monólogo colectivo”)
  • Cada uno utiliza su propio símbolo (cada uno representa las cosas de la realidad con símbolos distintos).
  • Los roles son casi siempre los mismos (todos son “mamás” o “papás”, etc.).
  • No hay coherencia, orden ni sucesión lógica y secuencias de las acciones.
  • No existe intencionalidad (actúa por la satisfacción de jugar, sin interesarse por el resultado).

A medida que el niño se desarrolla, el juego simbólico va evolucionando en forma natural, favorecido por los procesos de su pensamiento, que va superando el egocentrismo y por su mayor nivel de socialización.

Alrededor de los cuatro años, el juego simbólico adopta las siguientes características:

  • Los niños comienzan a aceptar el simbolismo del otro y comparten esa ficción.
  • Se va registrando una tendencia a la objetivación de los símbolos (necesidad de una imitación cada vez más cercana a la realidad).
  • Los roles se hacen más variados. El juego se torna más socializado, comienza la interacción. Por ejemplo una niña hace de invitada y otra de anfitriona de una fiesta.
  • Se observa mayor orden y coherencia.
  • El sentido del juego no se agota en el simple placer: existe ya cierta intencionalidad, en relación a un motivo de juego propuesto.

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