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El precio de tener padres perfeccionistas

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Como padres queremos que nuestros hijos se desarrollen de manera integral  aprovechando al máximo las oportunidades que les presentamos junto con la vida. Sin embargo, en muchas ocasiones podemos llegar a excedernos en nuestras expectativas colocando sobre nuestros hijos demandas y exigencias que superan sus capacidades físicas o psicológicas. Esto en lugar de motivarlos a dar lo mejor de sí mismos,  puede generar una sensación de fracaso al igual que altos niveles de estrés y ansiedad al deducir que lo que hacen nunca será suficiente para sus padres.

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Los hijos que crecen en un entorno perfeccionista suelen convertirse en personas intolerantes a la crítica, controladoras, normativas, poco expresivas e inflexibles.  Adicionalmente, estas personitas evidencian una autoestima debilitada ya que condicionan su valor al logro, al no concebir el error como algo natural en la vida de cualquier mortal. Teniendo en cuenta las consecuencias de crecer en un entorno perfeccionista, a continuación te comparto algunas estrategias para aterrizar tus expectativas y motivar a tus hijos a dar lo mejor de sí, sin llegar al extremo del afectar su salud física o mental.

  1. Reconoce lo que tu hijo puede y no puede dar de acuerdo a su edad. Pareciera más que lógico que las expectativas que colocamos sobre un niño pequeño deben ser muy distintas a las que podemos llegar a tener sobre un adolescente. Sin embargo, a veces excluimos este principio en la vida diaria. Apreciado padre o madre, es importante que conozcas la etapa del desarrollo en la que tu hijo se encuentra y cuáles son las limitaciones típicas de su edad. De esta manera podrás ajustar sus exigencias a la realidad e incrementar así las posibilidades de éxito en tu hijo.
  2. Acepta que el error hace parte del desarrollo humano. Es importante que constantemente recuerdes que es normal equivocarse, de hecho, las lecciones más duraderas y contundentes de nuestra vida se han generado a partir de nuestros Así que esfuérzate por enseñarles a tus hijos que una falla no es sinónimo de fracaso y por el contrario es la oportunidad de perfeccionar cada vez más sus aprendizajes. El que nunca se equivoca, nunca mejora.
  3. Cuida tus palabras al momento de cometer un error. Evita devaluarte o menospreciarte, más bien esfuérzate por normalizar este suceso y enseñarle a tus hijos a afrontar la frustración desde el ejemplo. Frases como: “tengo derecho a equivocarme”; “equivocarme me ayuda a crecer”; “el que cometa un error no quiere decir nada de mí”; entre otras, pueden reducir en tus niños, niñas y adolescentes el malestar emocional, promover la aceptación incondicional y desligar el error de su valor como personas.
  4. Evita educar a través de la culpa y de los juicios condenatorios. Algunas veces inconscientemente podemos llegar a utilizar la culpa como estrategia para mejorar el desempeño de nuestros hijos. Por ejemplo, aunque muchos padres saben que su adolescente no hizo una labor (Ej. llevar un recado) comienza a hablar del tema como si el error no se hubiera presentado para ponerlo a prueba. Si te identificas con esta estrategia, te sugiero implementar una diferente ya que la culpa generará en tus hijos ansiedad, sensación de fracaso, de insuficiencia y de incapacidad de complacerte, vulnerando su autoestima y motivación.
  5. Fomenta la independencia. Algunas veces tenemos la tendencia a rendirnos y realizamos muchas de las actividades de nuestros hijos, ya que pensamos que ellos aún no pueden hacerlo tan bien como nosotros. Desafortunadamente, esta estrategia puede presentar un efecto desfavorable, considerando que al hacer lo que a los hijos les corresponde, estamos fomentando la dependencia y limitamos su desarrollo integral. Debemos, por amor a ellos, permitirles realizar sus deberes a pesar de que no queden perfectos, con el tiempo y tu apoyo seguro mejorarán.
  6. Promueve la expresión de sentimientos. Es notable que una debilidad de los padres perfeccionistas es la rigidez y el exceso de autocontrol. Te invito a que te esfuerces por promover en ti y en tus hijos la expresión de emociones. Recuerda que es normal sentirlas.
  7. Asegúrate de descansar y de que tus hijos te vean hacerlo. Sé que este aspecto no es nada fácil para ti, incluso al leer este subtítulo pudiste llegar a sentir un sacudón en tus entrañas. Sin embargo, es importante que la relajación haga parte de tu cronograma y el de tus hijos. El descanso incrementará tus fuerzas, fortalecerá tu sistema inmunológico y reducirá la posibilidad de que desarrolles problemas emocionales o de salud.
  8. Reconoce sus cualidades y hazles sentir tu amor incondicional. Esfuérzate diariamente por reconocer frente a tus hijos las cosas buenas que hacen. No tomes ningún comportamiento como “obvio” o “lo mínimo”, ya que cada conducta positiva de tus hijos (saludar, tender la cama, cepillarse los dientes, etc.), son logros en sí mismos. Recuérdales constantemente cuán buenos son y cuán orgulloso/a te sientes de ellos. Enfatiza siempre en que tú los amas independientemente de su rendimiento o logros. Recuerda que el amor de los padres debe ser incondicional y cuando un hijo se siente amado de esta manera presenta mayores posibilidades de triunfar en las diferentes áreas de su vida.

 

Finalmente, el  error es como una piedra, te invito a pensar en todo lo que puedes hacer al cruzártela por el camino y a tomar la mejor decisión:

“El distraído, tropezó con ella.

El violento, la utilizó como proyectil.

El emprendedor, construyó con ella.

El campesino, cansado, la utilizó de asiento.

Para los niños, fue un juguete.

Carlos Drummond de Andrade la poetizó.

Con ella David mató a Goliat.

Y Miguel Ángel, le sacó la más bella escultura.

En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre… No hay piedra en tu camino que no sirva para tu crecimiento.”

Anónimo

La realidad es que las piedras siempre estarán en nuestra vida y en la de nuestros hijos. Así que en lugar de invertir energía en patearlas, negarlas o utilizarlas para destruir, te invito a convertirlas en oportunidades de crecimiento para ti y tu familia.

Diana Cecilia Buitrago Ríos

Magíster en Psicología del Desarrollo y Educación

Universidad de Toronto

Profesional de la Clínica para la Familia

diana.buitrago@clinicaparalafamilia.com

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