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El problema no son los “youtubers”

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Mucho se ha venido hablando del fenómeno de los “yotubers”. Pero el problema no son ellos. ¿Qué está sucediendo con nuestros niños y adolescentes que convierten en referente a una persona con una cámara y un video en Internet?

Sebastian Villalobos, Juana Martínez, Alejo Igoa, “Holly Molly”, Gabriel Montiel, Sonia Alicia, Germán Garmendia, Valentina Villagra, Héctor Trejo, son tan solo algunos de los nombres de los “Youtubers” más famosos de la red. Desde bobadas, afeitadas, mentiras, peinados, maquillaje y viajes, estos fenómenos de la web captan la atención de millones de adolescentes.

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El más nombrado en las últimas semanas es Germán Garmendia, un joven que en su canal de You Tube publica cápsulas satíricas acerca de temáticas o situaciones cotidianas. Sus videos, que no son nada del otro mundo, pero que retratan situaciones que le pueden ser familiares a muchos, tienen más de 27 millones de suscriptores. ¡Sí, 27 millones! Más de la mitad de la población que tiene Colombia y 10 millones más que la población de su país natal Chile. Garmendia literalmente paralizó la pasada Feria del Libro de Bogotá, ya que cientos de miles de adolescentes hicieron fila por horas, lloraron, gritaron, se desmayaron, todo por una foto y una firma de su libro “El chupaelperro”, un manual de autoayuda para que los adolescentes enfrenten el mundo.

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La historia de los “youtubers” es corta. Este fenómeno es relativamente joven y nace de la necesidad que tenían algunos de expresar sus inconformidades sociales, sus pensamientos, incluso su orientación sexual, y en algunos casos simplemente para dar tips de belleza, registrar un viaje o contar historias. Algunos son irreverentes, otros más políticos, otros ni fu ni fa, pero lo cierto es que debemos reconocerle su carisma y su constancia ya que tampoco es tan fácil convertirse en un fenómeno en la red: se requiere trabajo, paciencia y sobretodo creatividad para mantener a una audiencia cautiva semana tras semana.

Otro aspecto es que estos “youtubers” iniciaron como personas comunes y corrientes pero que la viralidad de la red los ha convertido en fenómenos públicos, protagonistas de grandes eventos e imagen de importantes marcas comerciales.

Ahora bien, como se puede leer, no hay nada de malo. Si algo caracteriza a Internet es su democratización, es decir, cualquiera que así lo desea puede participar, compartir, comunicar, comentar, publicar, y más aún en la era de los prosumidores o prosumers, acrónimo formado por la fusión original de las palabras Producer (“Productor”) y Consumer (“Consumidor”), término que tiene su origen en 1972, cuando Marshall McLuhan y Barrington Nevitt sugirieron, en su libro Take Today (p. 4), que con la tecnología electrónica el consumidor podría llegar a ser un productor al mismo tiempo.

La pregunta que surge es: ¿Qué vacíos llenan estos “youtubers”? ¿Por qué tienen tanta aceptación entre niños y adolescentes? Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, mundialmente famoso por su libro “La modernidad líquida”, afirma que uno de los problemas de los jóvenes en la actualidad es que “se sienten descartables, por eso desconfían fácilmente” y por eso “las conexiones mediadas por la tecnología que establecen los jóvenes de hoy, marcan el modelo del resto de sus relaciones: a falta de calidad de las mismas, el remedio es la cantidad (cuántos seguidores en Facebook y en Twitter) y a la velocidad del ‘me gusta’ y del trino. Es la generación de los que quieren andar por el mundo ligeros de equipaje”. Por eso, por esa fragilidad, es que se conectan con otros que seguramente viven sus mismos miedos y angustias, la diferencia es que los expresa, los “videaliza”, para que otros se sientan identificados y compartan las mismas sensaciones.

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“Los jóvenes hoy no tienen historia de lazos fuertes con sus criadores, es decir, los padres; ni con los amigos ni líderes de su colegio, del barrio o de su iglesia, y las ciudades también son grandes, ya no se puede ir a visitar a la familia, a los amigos o a la novia y de ahí que las separaciones sean fáciles”, dice Bauman, por eso un “youtuber” se convierte en su referente, en aquel o aquella que lo hace sentir, por dos minutos, parte del mundo, importante, ser.

Internet todo lo permite, todo lo vale. No debería ser así, pero es la realidad. Pero la vida de nuestros niños y adolescentes no lo puede permitir todo.

Nos cogió la noche para hacer una pausa en este vertiginoso mundo y pensar y re pensar cómo hacemos para que no sea un video en You Tube el que haga sentir vivos a nuestros niños y adolescentes.

Juan Camilo Díaz. 

Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana.

Fuente: lafamilia.info

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