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Esos pequeños detalles

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Si hay algo importante en una familia, son los pequeños detalles, esos que hacen que la convivencia sea algo más que una pura avenencia, esos que traducen las relaciones humanas en complicidad, esos que convierten una casa en un verdadero hogar.

Los detalles más insignificantes tienen un significado enorme en una relación de convivencia que se sostiene en el amor. Las pequeñas incidencias cotidianas ponen a prueba a todos los miembros de la familia y, en definitiva, dan el peso de su clima humano.

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En una casa en la que no se cuidan los detalles hace frío. Las relaciones humanas que carecen del lubricante de las cosas pequeñas no crecen sino que se encogen. Acaban convirtiéndose en mínimos tan frágiles como un hilo de hielo. En cambio, el calor que generan los minúsculos detalles hace que se fundan las personas en un mosaico compacto y enriquecido.

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No se puede querer a los hijos con un amor platónico. Ellos necesitan un amor real repleto de pequeñas acciones, un amor que se desgrana en obras, en detalles minúsculos que, como granos de arena, van amontonando el cariño, la ternura, el afecto hasta convertirlos en un sólido querer.

Los hijos no quieren que los pongamos en un pedestal. Desvivirnos por ellos no debe significar divinizarlos, porque entonces no atendemos a sus necesidades sino a sus deseos y caprichos. En ese caso, los detalles se convierten en fórmulas de adoración que los hijos, al modo de los endiosados emperadores romanos, acaban despreciando.

Debemos atender tanto a la cantidad como a la calidad de los detalles. En este caso, la cantidad no va en detrimento de la calidad, porque lo que hace que los detalles generen un estilo educativo es que se conviertan en algo habitual. Hay que conseguir que lo extraordinario se convierta en cotidiano sin llegar a ser ordinario.

tea mo y te quiero

Justamente lo que hace que los detalles lo sean es su insignificante entidad objetiva, agigantada por la subjetividad de los protagonistas. En sí mismos no significan nada, apenas tienen valor, pero, puestos en conexión con las personas a las que atañen, actúan como lazos que van trenzando una relación personal fuerte y duradera.

Los detalles no son anónimos, sino que llevan firma y destinatario. No sólo van dirigidos a una persona concreta; son también medio de personalización. Así, no guardamos el dibujo que nos hizo nuestro hijo pequeño por su valor artístico, sino porque lo hizo él paranosotros. Aquí la intención es lo que cuenta: alguien ha pensado en nosotros.

Nuestros hijos quieren que cuidemos esos minúsculos actos intranscendentes, que los amemos al pormenor, porque no se puede hacer de otra manera. Tener pequeños detalles con las personas que queremos es la forma más grande de amarlas.

Tomado de: http://blogs.aceprensa.com/familiaactual

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