Primera revista especializada para la comunidad de Padres de Familia

La falta de estímulos adecuados en los primeros años afecta al desarrollo del aprendizaje y el posterior rendimiento escolar

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No es infrecuente encontrar situaciones como las siguientes:

Laura tiene cinco años. Está en el último curso de educación infantil. Sus padres tienen un negocio de restauración y, por ello, regresan a casa tarde y cansados. No tienen la posibilidad de jugar y pasar la tarde con su única hija. Ella está esas horas al cuidado de su abuela o sola en la parte de atrás del negocio de sus padres.

Mario tiene seis años. Está ya en el primer curso de primaria. Desde hace dos, sus padres viven separados de lunes a jueves por motivos laborales. Él vive al cuidado de su padre y sus abuelos maternos mientras que su madre vive a 300 km, en otra ciudad. Allí trabaja como profesora de universidad.

Clara tiene tan sólo tres años. Forma parte de una familia de clase sociocultural deprimida, sin estudios, ni cultura escolar, donde el colegio tiene casi el mismo valor educativo que cualquier otro entorno.

Y Jorge, que está en la clase de 4 años de infantil. Su padre es un prestigioso cirujano de la ciudad con trabajo por la mañana en el hospital y por la tarde en consulta privada. Pasa largos periodos fuera de casa por su trabajo.

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¿Qué puede ocurrir en casos como éstos?

Diferentes teorías del desarrollo explican cómo es el proceso de cambio y aprendizaje en las primeras edades de la vida. Casi todas ellas coinciden en la importancia del ambiente y del entorno más cercano del niño/a en este hecho. El desarrollo en las edades posteriores va a estar condicionado por cómo se hayan ido realizando los aprendizajes propios en las etapas anteriores.

Según Jean Piaget, todos tenemos una profunda necesidad de equilibrio. Según esta teoría, todos los procesos psicológicos que configuran el desarrollo de un niño/a son fruto de la interacción constante con un entorno organizado vinculado a  su figura de apego

La imitación y el juego en estas edades son el vehículo para el desarrollo del pensamiento. Las imágenes mentales que va configurando el niño/a alrededor de los dos años de vida son representación y una verdadera reconstrucción de lo externo.

Para Lev Vygotski, el desarrollo es un proceso social y culturalmente mediado, donde el afecto tiene un papel central.

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¿Qué importancia tiene el apego en el aprendizaje?

El apego nos proporciona seguridad emocional. Permite reconocer lo que nos es propio en el entorno y las singularidades que lo conforman. Proporciona recursos físicos, psíquicos y sociales para el desarrollo armonizado del niño/a.

El apego es la base para las relaciones afectivas posteriores. Y además, y muy importante, actúa como vehículo del desarrollo del lenguaje. Hacia los dos-tres años de vida, el mayor dominio del lenguaje ejerce influencias sobre el desarrollo emocional, pieza clave para el aprendizaje.

El adulto guía y ayuda en la exploración del entorno. Muestra y propone ejemplos a seguir, a veces sin darse siquiera cuenta, en todas las áreas del desarrollo. Es precisamente esta guía la que va conduciendo al niño/a hacia su propio y particular desarrollo y aprendizaje.

Cuanto más y mejor sea este “muestrario”, más y mejor va a ser para el niño/a. Más aún si se lleva a cabo mediado por el afecto. De ahí la importancia de la/s figura/s de apego. La óptima interacción con el entorno en todos los sentidos enriquece continuamente y conduce a la función simbólica en los dos primeros años de vida. La diversidad de contextos y experiencias es el camino ideal para el desarrollo intelectual del niño/a.

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¿Qué puede ocurrir entonces cuando la relación adulto-niño es pobre?

  • Inhibición del crecimiento cognitivo y el desarrollo.
  • Disminución de la función cerebral.
  • Poca actividad de los circuitos neuronales.
  • Problemas de atención y concentración.
  • Disfunción de la memoria.
  • Retraso en el desarrollo o incluso falta de adquisición de habilidades motoras, cognitivas, lingüísticas y sociales.
  • Mala calidad de las relaciones humanas.
  • Posibles trastornos de ansiedad.
  • Baja autoestima. Falta de iniciativa.

¿Cómo puede compensar la escuela la falta de estímulos?

Entre los dos y los cuatro años de vida el escenario primordial es la familia. El acceso a la escuela implica nuevas experiencias y nuevos modelos. El niño/a los observa e imita activamente. Será entonces cuando la interacción con los iguales aportará estímulos continuos nuevos para el desarrollo cognitivo.

La finalidad de la educación infantil es promover el desarrollo de los alumnos/as. Más allá incluso del nivel que habrían alcanzado sin la intervención educativa institucional. A veces, deberá tener incluso función compensatoria de desigualdades. ¿Cómo facilitar entonces este desarrollo dentro del aula?

– Partiendo de los intereses del alumno/a. Conocer bien al niño/a para responder a sus necesidades más básicas.

– Favoreciendo el trabajo cooperativo entre iguales. El aprendizaje entre iguales moviliza y genera esquemas de conocimiento más estables.

– Llevando a cabo metodologías donde el alumno/a es un agente activo. Manipular, explorar, observar, experimentar, construir, expresar…, ayudan al aprendizaje.

– Usando actividades lúdicas. El juego es motor del desarrollo, de las emociones y de las interacciones sociales.

– Empleando recursos de toda índole. Deben ser variados, polivalentes, estimulantes, que permitan la manipulación, observación y la construcción de significados propios.

– Enriqueciendo el entorno todo lo posible, verbal, visual y auditivamente, entre otros.

– Creando actividades y situaciones específicas para la estimulación y el enriquecimiento de procesos comunicativos.

– Implicando a las familias. Establecer relaciones fluidas para unificar criterios y pautas de actuación de calidad con sus hijos/as.

Laura, Mario, Clara y Jorge se beneficiarán de éstas y otras estrategias de aprendizaje, aunque el colegio no podrá sustituir el tiempo y los estímulos del entorno familiar.

Autores:

Fuente: www.familiaysalud.es

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