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Mitos y realidades de los hijos únicos

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Artículo editado para Revista Mundo Padres. Tomado de bebeunico.blogspot.com  Autor: Anny Velasco

Se los acusa de mimados, egocéntricos, caprichosos, de creerse el centro de atención de todo, de solitarios, de reservados y de mucho más. No, no exagero, pues todavía hay gente que suele etiquetar injustamente a los hijos únicos por el simple hecho de ser eso, hijos únicos.

Lo que es peor es que todas estas afirmaciones sin fundamento sobre los hijos únicos han invadido a toda nuestra sociedad y es el motivo por el que tantas madres que buscan tener un hijo más y que por alguna razón no pueden, se desesperen y hasta se deprimen por no llegar a obtener lo que se nos ha propuesto como “el modelo ideal de familia”. Es decir tener dos hijos o más, pero nunca uno solo.
Algo que he conseguido en estos años defendiendo a los hijos únicos es tener una visión equilibrada de ellos. Los hijos únicos son solo eso, hijos únicos, ni más ni menos que el resto. Nadie tendría porque ensalzar en demasía, ni tampoco denigrar o rebajarlos por no tener hermanos, mucho menos compadecerlos porque se piense que son niños que están condenados en el futuro a la soledad.
Pensar así, es pensar que nuestro hijo único no tendrá capacidad para ser un buen amigo e ir creando relaciones interpersonales durante su vida. Lo más probable es que el problema esté en nosotros los padres. Busquemos dentro de nosotros, dentro de nuestros propios temores, por ahí puede estar el porqué de ser tan negativos y pesimistas con respecto al futuro de nuestros hijos.

¿Caprichoso?

Es verdad que la creencia popular da a pensar que los hijos únicos son más caprichosos y egoístas que el resto, así como que tendrían más dificultad para relacionarse con otros niños, pero esto obedece más a un mito que a la realidad, pues especialistas y psicólogos de todo el mundo, confirman que no es necesaria la convivencia con hermanos, o la rivalidad con estos, para que los hijos únicos aprendan a compartir, sociabilizar y resolver los problemas.
Si es que tu hijo va al jardín o al colegio, seguro estás de acuerdo conmigo en que ahí aprenden a sociabilizar, a competir y hasta pelear, incluso más de la cuenta.

Visión equilibrada

Por otra parte, tener una visión equilibrada sobre los hijos únicos no significa que nos vamos a cegar a reconocer las ventajas que tienen sobre el resto de niños con hermanos, como por ejemplo la capacidad para forjar una autoestima mayor, aprender a manejar mejor los momentos de soledad y fortalecer su carácter.
Esto se debe a que reciben de parte de nosotros los padres atención exclusiva, lo que hace que en el colegio por ejemplo, sean niños con un rendimiento un poco superior al resto. Mi hijo no es la excepción, siempre ha sido el niño más destacado de su clase hasta el día de hoy, y no voy a negar que aunque él es un niño brillante por naturaleza, he estado pendiente de que sea un niño responsable con sus deberes escolares.
Obviamente no podemos afirmar que todos los hijos únicos serán un dechado de virtudes sin defectos. Como sucede con todos los niños la clave está en nosotros los padres, pues influimos demasiado en su futuro, y por supuesto el ambiente o entorno en el que se crían.
Esto significa que si transmitimos nuestras decepciones, miedos, culpas y sentimientos negativos, probablemente nuestro hijo o hija será un adulto insatisfecho, callado, se sentirá solo y con la sensación de que se ha perdido de algo.

Padres exigentes

Pasa lo mismo cuando somos padres muy exigentes. El hijo único puede crecer queriendo complacer en todo a sus padres y se frustrará cuando no lo puede lograr. Hay que tener cuidado con eso, recordemos que nuestros hijos son niños, no adultos pequeños, no les pidamos más de lo que pueden dar.
Esperamos como padres no caer en ese error. Debemos criar a nuestros hijos para que sean independientes y seguros de si mismos. Tenemos todas las herramientas para hacerlo.
Recordemos “ser hijo único no implica ningún problema”, las etiquetas que se les suele dar son solo eso etiquetas, y obedecen más a los mitos que a la verdad. La realidad es que los hijos únicos no son ni más, ni menos que los demás. Ser hijo único es una condición a la que nuestros niños pueden sacarle provecho y ser personas felices, con una gran capacidad de dar amor, lo que hará que jamás estén solos, tendrán muchos amigos y algún día formarán su propia familia.
Si has decidido tener un solo hijo pues ¡felicidades!, el mundo entero debería respetar tu decisión. La maternidad nunca debe ser impuesta, debe surgir del corazón, y si el corazón nos dice que uno es lo que queremos, pues con uno nos quedaremos. Lo mismo sucede si optamos por tener dos o más.

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