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Niños presionados, ¿Niños perfectos?

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¿Por qué tu calificación no es un “10”?, “Yo a tu edad era el mejor alumno de la clase”, “Tienes que esforzarte más todavía”, “Hasta no ser perfecto en matemáticas no dejas de estudiar”, “No puedes equivocarte”… Los hijos presionados escuchan este tipo de frases varias veces durante su infancia y adolescencia.

Por supuesto que los padres desean lo mejor para ellos y al instarlos a superarse no buscan que los pequeños sufran. Sin embargo, detrás de la presión y las expectativas se esconden cuestiones no resueltas de los adultos en el pasado y además puede traer como consecuencia un ser acomplejado y que probablemente repetirá esa actitud con su propia descendencia.

¿Estimular o presionar a los hijos?

Por supuesto que la mayoría de los padres no intenta hacerle mal a sus pequeños pero por desconocimiento o repetir actitudes del pasado en vez de ayudar, crean un futuro adulto con muchos complejos, tristezas y sin la capacidad de aceptar sus errores. E incluso, con la gran posibilidad de que repita esa conducta en sus propios hijos.

Ahora bien, ¿cuándo los están estimulando y cuando presionando? La delgada línea que separa estas dos acciones está basada en la actitud. Para que se pueda comprender mejor, Madeline Levine en el libro “Cómo los padres crean presión”, indica que si los adultos se conectan con los niños y participan de sus actividades el proceso se llama “estimulación”.

Pero por el contrario, si los deseos personales van por encima del bienestar del niño o mientras se le exige el adulto está enfocado en otra actividad, como el trabajo o las tareas domésticas, se denomina “presión”.

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¿La presión es algo actual?

Un hábito del siglo XXI es que los pequeños desde temprana edad tengan decenas de tareas extracurriculares: inglés, deporte, música, pintura, scouts, danza, y la lista sigue. Por un lado esto se debe a que los padres trabajan muchas horas al día y no pueden hacerse cargo de ellos y por el otro porque consideran que de esta manera “sacarán lo mejor de sí mismos”.

No está mal que hagan ejercicio o que sepan hablar una segunda lengua. Lo que puede no ser del todo correcto es “empujarlos” a que hagan algo que no les gusta o que se los presione de tal manera que si no son perfectos son “malos hijos”, “desagradecidos” o “no se merecen nada”.

Cómo evitar buscar “hijos perfectos”

Antes de intentar lograr niños ideales habría que preguntarnos que entendemos nosotros por “perfección”. ¿No sería mejor que los hijos sean felices haciendo lo que les gusta? Por supuesto que hay una diferencia entre libertad y libertinaje. No hablamos de aceptar que dejen la escuela o no estudien una carrera.

Desear cosas grandes para nuestros hijos es algo típico de todos los padres. Sin embargo, ¿qué precio se debe pagar para conseguirlas? Anima a tus niños a dar lo mejor de si mismos más allá de los resultados. No pongas adjetivos calificativos negativos cuando no obtienen la mejor calificación. Pregúntales qué sienten al ir a las clases o qué les gustaría hacer al salir de la escuela.

De esta manera estarás criando futuros adultos que puedan sortear los obstáculos que se les presentan, que puedan sacar su máximo potencial sin compararse con el resto y, sobre todo, que sean felices con el futuro que eligieron.

Por: Yamila Papa

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

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