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POR FAVOR, ¡NO LE HAGA LA TAREA A SU HIJO!

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Emma E. Sánchez, casada y madre de tres hijas, nos ofrece un interesante artículo para reflexionar sobre las actitud que toma una madre cuando el hijo no quiere hacer su tarea, o que sólo la hace bajo coacciones o sobornos, o no pone cuidado al hacerlas, o es incapaz de hacerla solo o no aprende de lo que hace; entonces toma la decisión de hacerle las tareas. Esta mala práctica, puede darse, tanto con la madre y/o el padre, y no ayuda, sino daña a los hijos.

Es importante para nosotros, como educadores, buscar un poco de tiempo y leer la opinión de esta madre interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar; razón por la que compartimos (como lo sugiere la autora), con fines únicamente educativos – pastorales. También nos recomienda (y les recomendamos) leer los artículos de Juliana Echeverry: “El rendimiento escolar de los hijos, o cómo la madre se vuelve maestra” y “¡Haz que te lo cuente todo! Cuatro preguntas para la maestra de tu hijo” de Cindy Peterson.

 POR FAVOR, ¡NO LE HAGA LA TAREA A SU HIJO!

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Si hacer la tarea es un momento frustrante para ti y tu hijo o terminas amenazando, castigando o peor aún, haciéndole la tarea para que el maestro no te fastidie, revisa tu forma de ayudar a tu hijo. Señora, por favor, ¡no le haga la tarea a su hijo!

Imaginen a una madre sentada con su hijo haciendo los deberes escolares. Hay libros dispuestos por toda la mesa, agua fresca en un vaso, la habitación muy bien iluminada, sin distractores, en la atmósfera flota un buen aroma: esta podría ser una hermosa imagen. Pero el niño está llorando y la mamá tiene el ceño fruncido, está molesta y ya ha comenzado a gritar… Ya no es una imagen tan agradable de ver como al principio, y mucho menos de vivir cada día en el hogar. Cuando se repiten con demasiada frecuencia situaciones como ésta, generan problemas como bajo desempeño escolar, deserción en la adolescencia, carreras truncas y relaciones familiares deterioradas y dañadas, en el peor de los casos. Entonces, ¿qué se puede hacer?

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Si más de tres veces por semana al hacer la tarea (los deberes) tienes problemas como:

  • El niño no quiere hacer su tarea.
  • Solo la hace si lo amenazas, lo castigas o lo sobornas (eso es lo que sucede en verdad cuando le ofreces regalos a cambio de que la haga).
  • La hace mal, de mala calidad y con mala presentación.
  • Es incapaz de hacerla solo.
  • Lo peor del caso es que no avanza o avanza solo hojas en libros y cuadernos, pero no aprende.

Debemos revisar con seriedad lo siguiente para ir descartando problemas sencillos y llegar al origen del problema:

  1. El ambiente

No debe haber distractores, inclusive tú y tu teléfono celular pueden distraerlo; la televisión, el radio, la música estridente, gente que pasa constantemente; además, el clima debe ser agradable, bien iluminado y óptimo para que el niño se concentre y cumpla con su deber.

  1. Tu estado de ánimo o estado emocional

Si estás molesta por algo mejor riega las plantas y cuando te sientas mejor, regresa. No hagas tarea regañando, manoteando o dando “coscorrones” al niño.

  1. Horarios y rutinas apropiados

El horario de tareas debe estar cimentado en una buena rutina; por ejemplo: tu hijo llega a casa, come, descansa y luego hace la tarea. Enseguida juega, cena, se bañar, lee un cuento y duerme. Nunca revolver o cambiar horarios, o un día sí y cuatro no. La rutina le da consistencia y seguridad, y pasado un tiempo forma un hábito.

Si todo esto está en orden, revisemos el siguiente nivel:

  1. Tareas y deberes escolares dosificados

Es necesario que, con buen ojo crítico y no de madre, revises que las tareas que tu hijo debe hacer sean acordes con su edad, grado académico y principalmente, a su capacidad y ritmo de aprendizaje. Verifica que la tarea tenga congruencia con el libro de texto, con los apuntes que tu hijo hace en clase, pregúntale sobre lo que está aprendiendo en el salón, cómo se siente y si tienes dudas acude directamente al colegio con la intención de manifestar tus inquietudes con el maestro de grupo; con seguridad establecerán estrategias para apoyar al niño. Todos sabemos lo imprudente que es comparar a los niños, pero de vez en cuando observa a sus compañeros de clase —repito, con ojo crítico, no de mamá— revisa si el progreso motriz, desarrollo intelectual y lenguaje son más o menos similares entre compañeros, o si tu hijo no se relaciona o es más lento que el resto del grupo; entonces vuelve a hablar con el maestro y trabaja en las recomendaciones que te haga.

2. La deshonestidad no soluciona problemas, los complica

Hay madres que tras verse frustradas y agotadas emocionalmente porque su hijo no puede hacer la tarea, cometen el peor error de todos: hacerla ellas mismas y esperar que el maestro no se dé cuenta. Aquí propicias: a) El error de enseñar a tu hijo a ser deshonesto; b) Que tú resuelves sus problemas y que él no debe enfrentar sus consecuencias; c) No le permites al maestro detectar problemas en el aprendizaje de tu hijo. ¡Ah!, y es igualmente malo que por descuido tuyo, los niños no hayan hecho la tarea y tú la hagas o les hagas mentir sobre el porqué no la hicieron. Si tu hijo no puede hacer la tarea o comete demasiados errores, mándala así al colegio y explica al maestro que esa es la realidad de tu hijo, y juntos vean cómo ayudarlo de forma apropiada.

3. Mala práctica docente

Es necesario decir también que algunos maestros tienen una mala práctica docente; esto es, que encargan tareas excesivas, inapropiadas o fuera de la capacidad de los niños, por lo que los padres se ven en la terrible necesidad de intervenir. Pedagógicamente, la tarea debería ser para reafirmar, practicar y consolidar lo visto en clase, y no debería tomarles toda la tarde; los niños deben-pueden hacerla por ellos mismos y ser amena, nunca repetitiva. Los niños deben de pasar más tiempo jugando al aire libre que encerrados, sentados haciendo planas interminables.

4. Modelos educativos inadecuados

Hay maestros que pretendiendo formar alumnos súper competitivos imponen pesadas cargas sobre sus estudiantes, y es de sabios reconocer que tal vez ese sistema educativo no es para tu hijo.

5. Padres sobreprotectores

Tu hijo es más capaz de lo que imaginas, solo permítele desarrollarse, probarse y enfrentar las consecuencias de lo que hace; reconoce lo que tu hijo es y no es, lo que puede dar y hasta dónde. Sobreprotegerlo no lo ayuda, lo daña; así que, por favor, ¡no le hagas la tarea!

En la crianza de los hijos, no cometas estos errores.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Familias en la siguiente dirección: familias.com

 

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