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¿PUEDE UN NIÑO AUTISTA ACABAR SUPERANDO LA INTELIGENCIA DE EINSTEIN?

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Cuando Jacob Barnett (Indiana, EE.UU.) tenía dos años le diagnosticaron un autismo severo que lo dejó mudo y que, según pronosticaban los médicos, era muy difícilmente tratable. Se dibujó un panorama aterrador para los padres. Después de visitar a muchos especialistas y de participar en diferentes terapias, las esperanzas no aumentaron. Su madre, Kristine Barnett, tuvo que escuchar cómo le decían que, probablemente, su hijo no iba a conseguir aprender a leer ni a abrocharse los cordones de los zapatos o a lavarse los dientes. En consecuencia, sugirieron que lo matricularan en un centro especializado en Asperger.

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Pero Kristine fue rebelde y tomó una decisión a contracorriente que no gustó a mucha gente. Fue arriesgado. Ella había visto en primera línea cómo su hijo se transformaba. Antes de que lo diagnosticaran como niño autista, Jacob rezumaba felicidad y energía, sin embargo, se aisló poco a poco. Empezó a jugar en solitario y a dedicar horas, por ejemplo, a concentrarse en las sombras que su mano proyectaba en la pared de la habitación.

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Su madre mantuvo la mente abierta: “Entendimos que el juego solitario era valioso y que los niños autistas no están perdidos, sino pensando de forma más profunda y sofisticada”, transcriben desde El Definido. De modo que, Kristine, en lugar de incrustar a su hijo en lo correcto y guiarlo por las vías establecidas, se dedicó a estimular al pequeño sin ataduras. Así fue captando cómo disfrutaba observando el mundo y memorizándolo.

Con cuatro años, Jacob podía interpretar una canción en el piano con escucharla una vez. Sin embargo, la gran revelación ocurrió en un picnic, cuando el pequeño vio el cielo plagado de estrellas se maravilló. En poco tiempo, el niño, por obra y gracia de la astronomía, recuperó el habla y se aficionó a las ecuaciones matemáticas.

Jacob se dedicó a jugar con la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Su madre grabó un vídeo en el que el chico explicaba las conclusiones obtenidas y lo envió a Princeton. La respuesta fue tajante: sus teorías tenían sentido y, si se resolvían correctamente, podría llegar a optar al Premio Nobel. Cuando midieron su cociente intelectual, el resultado fue incluso mejor de lo que se esperaba: 170, diez puntos por encima de Einstein. No es raro que Warner Bros se esté planteando filmar la historia de este niño autista genial que tiene un doctorado en física con solo 17 años.

Fuente: muhimu.es

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