¿Quién tuvo la culpa? Hazte dueño de lo tuyo

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¿Quién tuvo la culpa? Tú, no tú, no tú… como siempre el otro tiene la culpa de todo lo malo que te pasa, porque es más fácil decir, fuiste tú, que hacerte cargo de lo que a ti te corresponde, ya que eso trae consigo un sinfín de responsabilidades, contrariedades y objeciones frente a lo vivido.

Y entonces, ¿qué hacer y cómo hacerse cargo de lo que te corresponde, si sientes y crees que realmente el otro fue el culpable?

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Bueno, comencemos por recrear en reversa lo acontecido, mirar con objetividad la situación vivida y acallar los pensamientos de juicio hacia el otro. Partiendo de este punto y poniendo como base la premisa de: ¡yo también me pude equivocar!, podrás entender la respuesta, los actos, las palabras o gestos de tu contendor, es decir, podrás comprender que este es el resultado de sus supuestos y creencias, de tal manera que si miramos a fondo, no hay culpables ni víctimas, todo ha sido una cadena de eslabones mal conectados, con la herramienta equivocada y en el momento incorrecto.

Basta con ser consciente de tus flaquezas y creencias, lo que te llevó a pensar y actuar de cierta manera y no de otra, para no darle el poder al otro de hacerte bien o mal; basta con que te conozcas, entiendas tus pensamientos, cómo y por qué reaccionas ante ellos y la mejor manera de controlarlos.

Al apropiarte de esto, nace en ti aquello que se llama “gracia divina” “misericordia” “altruismo” o “empatía”, suscitando una línea muy delgada entre amarte y amarle, porque si miras al otro con bondad y misericordia, después de haberte mirado a ti primero, fluye el entendimiento hacia el otro y sus razones, esto no quiere decir que su actuar sea el correcto, no, esto te lleva a entenderle en su mundo y saber hacerte cargo de lo que te corresponde a ti, sea cambiar, alejarte o perseverar.

Querido lector, hoy te invito a hacerte cargo de lo tuyo: primero conócete, segundo mira con bondad al otro y tercero toma una decisión.

Y nunca olvides… la grandeza de la humanidad está en saberse humano, es decir, necesitado de la gracia de Dios.

 

Sol Vélez Giraldo

Licenciada en Educación

Especialista en Familia

Profesional Clínica para la Familia

sol.velez@clinicaparalafamilia.com

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